Siendo muy pequeña, me toco
visitar por casualidad a una anciana mujer con los ojos más lindos que
recuerdo, se llama Delia del Carril y yo ni sospechaba quien era. Años
más tarde, trabaje en la Fundación Neruda y necesite aprender del
poeta. Lo leí hasta el agotamiento, me aprendí todo, escuche las
mejores anécdotas de su vida de boca de sus propios amigos, pude
acceder a sus manuscritos y termine sintiéndolo como alguien cercano,
como alguien a quien se conoce tanto, que uno lo detesta.
Y
yo detestaba a Neruda, a ese hombre machista, coleccionista impulsivo,
tan lleno de egoísmo y con tanta facilidad de olvido. Cómo iba a
perdonarle a mis 20 años el abandono de Delia, a quien yo consideraba
la detonante de su éxito, cómo iba a perdonarle en los años en que mi
sangre era puro idealismo, el capitulo del abandonado a su hija o a
su
esposa holandesa. Por esos días, me sentaba en una de las casas que
habitó, buscando un rastro, un espacio de sus mujeres, algo que él
hubiera hecho por ellas, y en medio de tanto culto a él mismo, no había
nada. Sin embargo, miraba esas hojas escritas descabelladamente con
lápices a tinta verde, o esas servilletas de avión escritas de un
tirón, llenas de sentimiento entrelazado perfectamente de pura belleza,
y todos mis reparos a Neruda se desvanecían, pues finalmente para
escribir hay que vivir con el corazón a mil, y él lo sabía.
Por esos días deje que la poesía me abrazara o los poetas no lo sé. Y me deje maravillar con el lúdico Huidobro (y cómo no rendirse a sus pies), con la desolación de Carlos Pezoa Veliz, y tantos otros. Por ahí, y habiendo superado piecesitos de niños… logre introducirme un poco en la obra de Gabriela Mistral, esa mujer a quien no podía quitarle de encima la caricatura de la inspectora del internado en que estudie, pero que sin embargo hablaba del "Mujerio" y que parecía encender las paginas en algunos ensayos y varios poemas. Algo tenia esta Señora tan parca y sería que no me convencía, era cosa de mirarla, de leer alguna biografía y de dudar hasta de la autoría de su obra… era muy fome, tenia vida pacata y con esa carga de mártir dedicada a los niños, me hacia bostezar antes de intentar encontrar el motor de su inspiración.
En fin, todo esto es cuento viejo, ya no leo poesía, ni me dedico a entender los motivos de la creación de nadie… (Ahora leo LUN!!!), ya no busco conocer la vida de los poetas, pero las noticias traen la buena nueva, y revelan las cartas de amor de Gabriela con su Secretaria (Doris Dana). Misivas cargadas de belleza, derroche de sentimiento capaz de derrumbar la estatua que la pacatería nos quiso vender de Gabriela y nos devuelve el reflejo escondido de una vida real, con dolor, miedos y pasión…
su
esposa holandesa. Por esos días, me sentaba en una de las casas que
habitó, buscando un rastro, un espacio de sus mujeres, algo que él
hubiera hecho por ellas, y en medio de tanto culto a él mismo, no había
nada. Sin embargo, miraba esas hojas escritas descabelladamente con
lápices a tinta verde, o esas servilletas de avión escritas de un
tirón, llenas de sentimiento entrelazado perfectamente de pura belleza,
y todos mis reparos a Neruda se desvanecían, pues finalmente para
escribir hay que vivir con el corazón a mil, y él lo sabía.Por esos días deje que la poesía me abrazara o los poetas no lo sé. Y me deje maravillar con el lúdico Huidobro (y cómo no rendirse a sus pies), con la desolación de Carlos Pezoa Veliz, y tantos otros. Por ahí, y habiendo superado piecesitos de niños… logre introducirme un poco en la obra de Gabriela Mistral, esa mujer a quien no podía quitarle de encima la caricatura de la inspectora del internado en que estudie, pero que sin embargo hablaba del "Mujerio" y que parecía encender las paginas en algunos ensayos y varios poemas. Algo tenia esta Señora tan parca y sería que no me convencía, era cosa de mirarla, de leer alguna biografía y de dudar hasta de la autoría de su obra… era muy fome, tenia vida pacata y con esa carga de mártir dedicada a los niños, me hacia bostezar antes de intentar encontrar el motor de su inspiración.
En fin, todo esto es cuento viejo, ya no leo poesía, ni me dedico a entender los motivos de la creación de nadie… (Ahora leo LUN!!!), ya no busco conocer la vida de los poetas, pero las noticias traen la buena nueva, y revelan las cartas de amor de Gabriela con su Secretaria (Doris Dana). Misivas cargadas de belleza, derroche de sentimiento capaz de derrumbar la estatua que la pacatería nos quiso vender de Gabriela y nos devuelve el reflejo escondido de una vida real, con dolor, miedos y pasión…
“Tal
vez fue locura muy grande entrar en esta pasión. Cuando examino los
primeros hechos, yo sé que la culpa fue enteramente mía. Yo creí que lo
que saltaba de tu mirada era a[mor] y yo he visto después que tú miras
así a mucha gente. Loco fui, insensato: como un niño, D[oris], como un
niño”.
(GM a DD, ~20 iv 1949, Veracruz).




creo yo que para ser poeta hay que estar un poco cagado de la cabeza o con un dolor muy grande que te obliga a escribir de manera compulsiva para que la existencia de perros que viven los poetas sea un tanto agradable... escribir bien no necesariamente siginifca ser una buena persona( en el caso de Neruda)
Un abrazo
D.
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