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Cuando la luna iluminó!

Enviado por dlirio el 04/12/2007 a las 18:36

Esa noche la luna se reflejaba en los árboles como si fueran mar, donde por cierto habría deseado estar ahogandose para definitivamente olvidar…
Tal vez fue esa la razón de que el destino, sin mediar aviso ni anticipo, hicieran que Paula como un espectador escuchara el relato de Laura…



yo andaba por los 12 años
y eramos hartos hermanos
La vida en el campo, no era como ahora
A veces no teníamos zapatos,
y en las tardes comíamos papas, porque no había pan.
Los hombres de chiquititos trabajaban la chacra
con mi papá y mí abuelo.

Y yo al igual que mis hermanas
partí a trabajar, pero yo tuve suerte,
a mi me enviaron a la casa de la Señora Julieta y de don Lucho,
Eran buenos, él era único médico del pueblo.
Ellos tenían un sólo hijo…
un niño varón, así que era bien amables conmigo.




Hasta ahí, Paula no había prestado mucha atención, pero no necesito más datos para saber que la historia que por casualidad escuchaba, tenia como personajes a su propio padre y a sus abuelos.



Pero estuve un año no más ahí.
Cosas de jóvenes, sabe...
me embaracé y me tuve que ir
la señora Julieta se enojo
y llamo a mi mamá
pa que me fuera a buscar…




En ese instante, el pudor se apodero de Paula.
Sin querer, en plena noche de año nuevo estaba escuchado el relato de la venida al mundo de su propio hermanastro… del que hasta ese instante ni sospechaba su existencia.
Quiso salir arrancando, quiso irse inmediatamente de ese escenario, que le parecía sacado de un cuento de García Márquez, pero la mano de su acompañante, fue más fuerte en retenerla.




Es que éramos tan niños,
muy jóvenes
Mi mamá tenía miedo de contarle a mi papá,
mucha pobreza pa que yo llegara con un crío.
Así que me mando con una familia,
pa allá pa la Costa,
Pero me tuve que ir,
porque ellos querían quedarse con mi niño.




Paula no podía creer lo que sus oídos escuchaban.
Cómo era posible relatar tanto dolor, sin una gota de rencor?
Ya no pudo contener el silencio. Y pese a que el miedo de recibir los insultos que debieron ser para su padre y para sus abuelos, opto por decir quien era...

Laura rompió en llanto, Paula la abrazo y le dijo que no sufriera, porque esos viejos a la antigua no habían tenido corazón…
Y Laura entre sollozos respondió:


“Mijita usted no sabe
como le he pedido al Señor
que mi hijo no sea tan solo,
y me la manda a usted…”


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